martes, 1 de mayo de 2012

...y tres libros de Ediciones Liliputienses



Hoy hablamos nuevamente de tres autores en una sola entrada.  Y es que, además de  nombrar a Frank Baez, Martín Gambarotta y Gladys González, la entrada quiere estar dedicada a una iniciativa: Ediciones Liliputienses, claro ejemplo de grandeza en un mundo difícil y lleno de estrechez (de miras).  Ediciones diminutas solo en el número de ejemplares, notables sin embargo en la intención y el esfuerzo a la hora de mostrar autores y poesía.  En un momento en que lo fácil es hablar de lo difícil que es dar un paso, algunos demuestran el movimiento andando.  Bajo la batuta del poeta José María Cumbreño, quien amablemente me envió estos ejemplares a través de nuestro común amigo, Elías Moro, esta editorial parece dispuesta a abrirse un pequeño hueco, el suyo, en nuestras mesillas.  Acérquense a estos libros, lo merecen.

ALUMBRADO PÚBLICO

No te quiero muerta
no te quiero
tirada en la calle
con la ropa interior
en las rodillas
las medias rotas
alrededor de tu cuello
amarradas
a un alumbrado público
no te quiero muerta
no te quiero
con la boca llena de agua
los perros
rasgándote los ojos
en un canal
hasta que tu cuerpo desaparezca
por tiras
entre los bares
de esta ciudad
no te quiero muerta
no te quiero
golpeada
con la mandíbula rota
desfigurándote el rostro.

Gladys Gónzález, Última noche 

***
MIRAMAR, 1986

Recuerdo esa noche de 1986
en que todos los vecinos se subieron 
en las azoteas de las casas
a ver el paso del cometa Halley.

Destaparon cervezas y bebieron por horas
hasta que alguien anunció que ahí estaba y entonces
todos en sus azoteas se pusieron en pie
y aplaudieron cuando lo vieron pasar por el cielo
como un candidato en campaña.

Han pasado veinticuatro años.
Dentro de cincuenta y dos pasará de nuevo.
Igual que un espermatozoide extraviado
en el útero de una adolescente,
tratará nuevamente de fecundar el planeta.

Frank Baez, Postales

***
35

En la lista de alguna repartición sus nombres
marcados con una equis.  La inercia del cielo,
casi un organismo.  Pero esos chicos 
sueñan que son televisores
no saben declinar sus verbos
pasado, presente y futuro
futuro perfecto para enfocar
una luz contra la pared
-en el cuerpo desnudo hinchado por el sueño-
y pelear con la sombra.

Martín Gambarotta, Punctum