viernes, 8 de junio de 2012

Mudanzas de la voz, de Enrique Villagrasa


MUDANZAS DE LA VOZ,  de Enrique Villagrasa.
Libros del Innombrable, colección Los libros del señor Nicolás, Zaragoza, 2011, 63 pp.

Enrique Villagrasa (Burbáguena, Teruel, 1959) es poeta, periodista y crítico literario. Como poeta nos ha dejado ya más de veinte títulos: Memoria impenitente, Sílaba del anochecer, La ofrenda, Límite infinito, Línea de luz, Paisajes… ha sido traducido al inglés, francés, italiano, árabe y ruso, ha sido incluido en diferentes antologías y también premiado en varias ocasiones (premio León Felipe en 2004; premio “Nuove Lettere” del Instituto Italiano di Cultura di Napoli en 2008).  Como periodista y crítico literario hemos podido leerle en revistas como Turia, Qué Leer, Artes&Letras (suplemento del Heraldo de Aragón) o El vuelo de Ícaro (suplemento del Diario de Avisos de Tenerife). 

Nacido en un momento que situó su voz poética entre los últimos y más deslumbrantes brillos de los jóvenes novísimos, la primera poesía de la experiencia y, como contrapunto,  el baúl sin fondo de lo que se dio en llamar poesía de la diferencia, sus versos hicieron su propio camino entre las preguntas, las dudas, el miedo y la libertad.

No es extraño que su último libro se titule Mudanzas de la voz (Libros del Innombrable, Zaragoza, 2011) pues para el autor “El poeta experimenta en el poema/todas las formas de la nada y el azar/ del lenguaje en el lenguaje. /Todo mudanzas de la voz.”   A esa experiencia metalingüística se ha entregado, sin red ni etiquetas que lo amparen, con decisión (“Lucha, mata, / por robarle/ al silencio/ sus palabras”) pero también con humildad de siervo (“Desencarnar, tal vez sea la belleza mística. / Buscar la humildad no la soberbia. /Tras festejar el instante.”)  En ese instante piensa y en él cifra el peso de su poesía, hacia esos territorios se dirige mientras le acompañamos en la lectura: “Poesía: canto y cuento/ recordaba el maestro. / Realidad inventada, /espacio- tiempo contenido/ como palabra mágica, / cual paisaje”.

Las dudas parecen a veces convertirse en certezas oscuras que llenan su aliento poético de un cierto nihilismo existencial que acaba por destruir  la fe en el motivo de las “mudanzas”, en la verdad de su propia poesía.  Nos estremece la sombría seguridad de estas palabras sencillas y contundentes: “Allí donde está  ella tú no estás  ni tu poema salvaje podrá sustituir a esa mujer que creías amar”, y la sospecha final, inundada de fracaso: “Tal vez todo sean mudanzas del miedo, no de la luz”. 

Es precisamente el miedo el tema central del poema más extenso de este libro cuajado de pensamientos breves e intensos golpes poéticos.  Nada en esta obra parece casual, toda forma está preñada de significado  y toda alusión a la forma nos avisa de que tampoco el dominio de ella nos asegura victoria alguna: “La poesía no encontrará/ su destino prisionera. / La inspiración ha perdido/ la batalla ante la artesanía”.   Quizá todo ello le lleva a sentirse perdido.  “Estoy en el centro de la noche”, nos dice su voz, pero como la vida es sendero y el libro se construye sobre las mudanzas de esa voz y su cambiante sonoridad de pensamiento, también sabe decirnos (y decirse a sí mismo); “Qué verso persigues en la oscuridad del sueño, si estás dormido.  Despierta poeta que sólo se sueña en gerundio”.

Un libro, en fin, que sabe hacerse camino, nuestro y suyo, mientras lo andamos. 

OLGA BERNAD





Reseña publicada en la Revista de Poesía Isla de Siltolá, nº 7, enero-abril 2012,que acaba de aparecer. Nómina completa: aquí.

jueves, 10 de mayo de 2012

martes, 1 de mayo de 2012

...y tres libros de Ediciones Liliputienses



Hoy hablamos nuevamente de tres autores en una sola entrada.  Y es que, además de  nombrar a Frank Baez, Martín Gambarotta y Gladys González, la entrada quiere estar dedicada a una iniciativa: Ediciones Liliputienses, claro ejemplo de grandeza en un mundo difícil y lleno de estrechez (de miras).  Ediciones diminutas solo en el número de ejemplares, notables sin embargo en la intención y el esfuerzo a la hora de mostrar autores y poesía.  En un momento en que lo fácil es hablar de lo difícil que es dar un paso, algunos demuestran el movimiento andando.  Bajo la batuta del poeta José María Cumbreño, quien amablemente me envió estos ejemplares a través de nuestro común amigo, Elías Moro, esta editorial parece dispuesta a abrirse un pequeño hueco, el suyo, en nuestras mesillas.  Acérquense a estos libros, lo merecen.

ALUMBRADO PÚBLICO

No te quiero muerta
no te quiero
tirada en la calle
con la ropa interior
en las rodillas
las medias rotas
alrededor de tu cuello
amarradas
a un alumbrado público
no te quiero muerta
no te quiero
con la boca llena de agua
los perros
rasgándote los ojos
en un canal
hasta que tu cuerpo desaparezca
por tiras
entre los bares
de esta ciudad
no te quiero muerta
no te quiero
golpeada
con la mandíbula rota
desfigurándote el rostro.

Gladys Gónzález, Última noche 

***
MIRAMAR, 1986

Recuerdo esa noche de 1986
en que todos los vecinos se subieron 
en las azoteas de las casas
a ver el paso del cometa Halley.

Destaparon cervezas y bebieron por horas
hasta que alguien anunció que ahí estaba y entonces
todos en sus azoteas se pusieron en pie
y aplaudieron cuando lo vieron pasar por el cielo
como un candidato en campaña.

Han pasado veinticuatro años.
Dentro de cincuenta y dos pasará de nuevo.
Igual que un espermatozoide extraviado
en el útero de una adolescente,
tratará nuevamente de fecundar el planeta.

Frank Baez, Postales

***
35

En la lista de alguna repartición sus nombres
marcados con una equis.  La inercia del cielo,
casi un organismo.  Pero esos chicos 
sueñan que son televisores
no saben declinar sus verbos
pasado, presente y futuro
futuro perfecto para enfocar
una luz contra la pared
-en el cuerpo desnudo hinchado por el sueño-
y pelear con la sombra.

Martín Gambarotta, Punctum

lunes, 16 de abril de 2012

Tres libros de Baile del Sol



La editorial BAILE DEL SOL acaba de cumplir, el pasado enero, sus primeros veinte años de andadura. Se distingue esta editorial por ofrecer una oportunidad de publicación a escritores noveles, así como por la especial atención que presta a los escritores canarios.   Tienen la gentileza de enviarme, también como regalo de cumpleaños, algunos de sus libros.    Me decido por la poesía, que es siempre un género más olvidado, y recibo dos volúmenes de su colección: Las cenizas de Salvochea, de David Francisco Monthiel y El buen amor siempre tiene dientes en la boca, de Rosana Curiel Defossé.  Me llega también un tercer libro: Otros domingos, de Dolores Campos-Herrero, que forma parte de una hermosa colección –Plenilunio-, dedicada a las antologías.  Algo de lo encontrado, para buscadores:

DOLORES CAMPOS- HERRERO

CONTRACUENTO

Cuando crezcas,
serás una niña triste.
Fea, sin los ojos de almíbar.
Sin grandes salones
ni prudencia.

Cuando crezcas
se te resistirán los nombres,
las palabras, la voluntad
de un niño, la vida entera.

Pasarán los años y, un día, te casarás
con un zapatero torpe, maloliente
y pobre.  Y quizá, por un error estúpido,
pasarás tres inviernos de hambre
y de miseria.  Pero eso no será todo
porque esto también
es lo que te dice el cuento:
Que una noche, cuando estés
a punto de dejar tu condición
de gleba, te pincharás con
el huso de una rueca.
Y dejarás de crecer para habitar
el olvido.  Y nadie sabrá nunca
de tu cuna de reina.

***

ROSANA CURIEL DEFOSSÉ

DE TOCAR

Tus manos,
jícaras ramificadas,
se liberan del sueño a brincos
mientras la tierra te seduce
y le otorga a tu nariz tinta de la noche.
Nada más grande ni más dulce
que el triunfo de tus dedos de piso, paleta y perro,
justo antes del minuto cobarde
en que el agua y la espuma
le cortan la última flor
a todas sus batallas.

***

DAVID FRANCO MONTHIEL

EL LOGO FEROZ

NUEVOS MOSQUETEROS
Todo para unos
y
todo para unos.

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA
Usted de pan de molde
tiene más necesidad
que de respeto

LOOP DE JUAN 1:29
Cordero de dios:
Quita el mercado del mundo.

UP TO LEXINTON, 125
Atesorar conciencia deprime.
Oh, sus hermosas farmacias.

ABAJO LA INTELIGENCIA
Pelead por separado.
Os venceremos a todos juntos.

LOS NEGOCIOS DEL SEÑOR JULIO CÉSAR
Al césar lo que es del césar.
Veintitrés puñaladas.


LIEBNECHT

Cuando el enemigo nos aplaude:
¿Qué tontería habremos dicho?
¿Por cuánto querrá comprarla?


LOS AMOS SIN ESCLAVOS

Aún recuerdo aquello que me dijo
cuando acariciamos la espuma quemante,
cuando nos bebimos el cáliz del desarreglo:
Vivir conmovido pero no desconsolado.
Vivir furioso
pero nunca cegado por el odio.   

viernes, 13 de abril de 2012

Poesías Completas, de José Luis Hidalgo

¿QUÉ SABES?

¿Qué sabes?, dime.  Oscureciendo
yaces sobre tu sombra muerto y solo
como una luna triste derribada
por el viento amarillo del otoño.


Yo sé que existe el mar, tú no lo sabes.
Yo sé que existe el mar, lejos, remoto,
y que la tierra late dulcemente
bajo mi pie desnudo, si la toco.


Tú sabes más que el mar. Tan hondo vives, 
que he llegado hasta ti y no te conozco.
La tierra no comprende tu mirada.
Sólo a la eternidad miran tus ojos.


Del libro Los muertos, incluido en las Poesías completas de José Luis Hidalgo, publicado por DVD  Ediciones en el año 2000.  Con prólogo de Juan Antonio González Fuentes.

viernes, 30 de marzo de 2012

Desertores de Dios, de Francisco Javier Aguirre

ENTRE DIOS Y OTROS LABERINTOS

Francisco Javier Aguirre, Ediciones Nuevos Rumbos, Colección Fuera de Serie, Zaragoza, 2012, 222 pp.

Desertores de Dios nos introduce en una habitación desconocida, una pequeña sociedad cerrada dentro de la nuestra: la vida en una congregación religiosa. Al leer esta novela colocamos otra pequeña tesela para comprender mejor el mundo. Estos círculos concéntricos tienen un núcleo central: el personal, encarnado en el protagonista.  Y cada uno de ellos posee también una exacta correspondencia temporal. La novela presenta una acción real de aproximadamente dos horas, ese es su recorrido cronológico, pero se desarrolla en las reflexiones de una hora simbólica, la “Hora Santa”, y abarca psicológicamente casi medio siglo de recuerdos que el personaje central desgrana. El ensamblaje transparente de tiempos y mundos nos obliga a prestar una atención tan precisa como la palabra a través de la que el autor nos guía por su laberinto, con rigor y claridad, pero sin excesivas complacencias. Debemos estar atentos.

La novela comienza poniéndonos un secreto ante los ojos. “Un sobre cerrado, lacrado, una pesadilla”. Una madre moribunda deja una carta para su hijo. Toda confesión promete otro lado de la realidad, hace temblar los cimientos de nuestras seguridades. Abrir el sobre es acceder a otrasabiduría y, tal vez, como a los primeros hombres, lo que aprendamos nos expulse del paraíso.

Desertores de Dios hace alusión a esos niños de la posguerra que fueron dirigidos hacia los seminarios en un intento por obtener un porvenir y un nivel educativo inalcanzable de otra manera. Algunos de ellos permanecieron internados en instituciones religiosas desde la temprana edad de 11
años. No todos eran, por tanto, casos de verdadera vocación y eso llevó a que muchos acabaran “desertando “, abandonando un mundo que no habían elegido pero que formaría parte de ellos para siempre.

Los recuerdos nos adentran en aquel territorio complejo de voluntad, dudas, fe, intereses, tentaciones y valor. Grandezas y miserias. Verdades y mentiras. El autor nos hace sentir la fuerte presencia del grupo y su influencia sobre el individuo, el peso de la comunidad sobre el protagonista. Nos extrañamos y lo comprendemos perfectamente, notamos la dureza de la Hora Santa, sentimos físicamente sus calambres por la inmovilidad del momento de reflexión y, a la vez, volamos con su pensamiento. Estamos en su encrucijada.

La obra. inteligente y sobria, dura y hondamente tierna, tiene también el atractivo de la novela negra, su suspense recóndito que nos hace dudar de todo y de todos. Desconfiamos de interpretar bien palabras y miradas. Frente a la “normalidad” de la postura exterior, el mundo interior se vuelve una tormenta de la que no sabemos si saldremos… o si nos dejarán salir.

 
Olga Bernad 
(publicado en el suplemento cultural de Heraldo de Aragón- Artes&Letras nº 374- 22/03/2012)
Reseña recogida en la página Web de la editorial NUEVOS RUMBOS 


miércoles, 7 de marzo de 2012

Poemas de Joan de la Vega

Joan de la Vega me envía amablemente dos de sus libros: La montaña efímera (2011) y Una luz que viene de fuera (2012), ambos publicados en Paralelo Sur Ediciones.  Dedico el fin de semana largo a leerlos y pensarlos, me hacen más agradable la estancia en cama por una gripe malvada y salvaje.  Así, con esa calma extraña que  ya solo tengo si me pongo enferma, esa sensación de lunes sin cole, parón y agradable soledad, reflexiono sobre la comunicación y sus nuevas modalidades.  Conocí al autor por esos lugares que se llaman redes sociales,  redes tan usadas como criticadas, y de las cuales yo procuro extraer las pepitas del oro en vez de ocuparme del barro, del que siempre somos un poco culpables. Recorro los versos en un tempo lento con vapores de menta y encuentro el diálogo del autor consigo mismo.  Ese tan necesario. Después, compartir lecturas como uno comparte versos propios, como lanzando al mar una botella transparente y frágil.

Admirador de qué
discípulo de quién

nada importa 
si hoy
las hogueras del sol
se niegan a brillar
con esa fuerza anónima
que lo rehace 
todo.

****************

De nada ha servido
llegar a este punto
si vienes tú
ahora
para hablarme
de versos malditos 
o modernos
de fatuos
reconocimientos
de alegrías ínfimas

no entendiste aún
que las hojas de este
venerable roble
enmudecidas
son tus más certeras
compañeras de viaje.


Joan de la Vega (Una luz que viene de fuera)

Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramanet, 1975) dirigió la editorial La Garúa de 2004 a 2010.  Es autor de varios libros, entre ellos Intihuatana (Seuba Ediciones,2002), Ladino (Trea, 2006) y Trilces trópicos.  Poesía emergente en Nicaragua y El Salvador (La Garúa, 2006).  Fue incluido en Campo abierto.  Antología del poema en prosa en España (DVD Ediciones, 2005) y sus poemas han aparecido en revistas como Alhucema, Turia, Nayagua o Paralelo Sur.                   

viernes, 2 de marzo de 2012

Una rima, de Juan Manuel Macías

La primera vez que leí este poema me quedó una sensación de sorpresa. Pensé que no todo el mundo puede hacer una rima ni nombrar  la luna y salir ileso. Sepultada por los prejuicios del oído moderno (y quizá por la imposibilidad de enmascarar carencias más fácilmente disimulables envueltas en otras formas), la rima nos interroga sobre el concepto de originalidad.  Algo de valentía y mucho de talento hace falta para enarbolar con sencillez esta bandera, siquiera por un momento.  La libertad  también es así; la gana es sagrada.

UNA RIMA

Una rima es un péndulo muy serio,
arco iris con billete de ida y vuelta
de tus párpados al centro del misterio.

Qué raro cautiverio
licuarse entre la lluvia más esbelta,
dejarse columpiar por las campanas
en la tarde erigida de manzanas
y hablar al viento en íntimo salterio.
Vibrar con los sedientos arenales,
llanto desesperado de resquicios
por hacer sonar tu pelo entre un corro de puntos cardinales.

Una rima es un faro de pupila alterna
para peinar con siglos y leyendas la ola
y humedecer tu lenta espalda con precipicios.
Aldebarán derrama la estela roja de su linterna;
rema y rema violín y barcarola,
y enarbola sin miedo la bandera
del ágil minutero pulsador de oceanos
que gira por la tierra (peonza o calavera.)

Una rima es la luna mensajera,
periódica hilandera
de mi sombra a la palma de tus manos.

Juan Manuel Macías
(De Cantigas y cárceles, Eciones de la Isla de Siltolá, 2011))

jueves, 2 de febrero de 2012

En la cama con la muerte, de Luis Alberto de Cuenca

Luis Alberto de Cuenca, Ediciones de la Isla de Siltolá, Colección Anejos de Siltolá, Sevilla, 2011.  69 pp.
 


La última entrega de la colección Anejos de Siltolá  es En la cama con la muerte, de Luis Alberto de Cuenca.  Junto a una selección de 25 poemas de tema fúnebre, podemos disfrutar de las fotografías de Miguel Fernández-Pacheco y Marcela Lieblich, formando un volumen de soberbia factura.

La poesía de Luis Alberto de Cuenca bebe, como él mismo reconoce, de la Antología Palatina, colección de epigramas de época helenística y romana.  Algunos de los epigramas más hermosos eran, precisamente, los funerarios.  A pesar de su temática, el libro dista mucho de resultarnos tétrico u oscuro; al contrario, junto a la tristeza (“Cuando Shakespeare murió, ya estaba triste”) está la memoria (“Cnoso”, “Sueño de mi padre” o “Cuando pienso en los viejos amigos”) que deja en el autor –y en el lector- “la extraña sensación de no sentirme solo/ y la complicidad de una franca sonrisa”.

El libro es también una invitación a la vida (“Collige, virgo, rosas”) y una mirada sobre la muerte llena de estoicismo y elegante nostalgia, y no exenta de un canallesco sentido del humor que no acepta tabúes.  Incluso el suicidio es susceptible de ser tomado con ironía y la muerte puede ser una amante en cuyo lecho nos sorprendan; y es que, como dice el autor “el amor y la muerte han estado muy cerca desde el principio”. Así nos lo expresa en la soleá  cuyo último verso da título al libro: “Maldita sea mi suerte/ mi novia me ha sorprendido/ en la cama con la muerte”.

En el fondo, una publicación para el placer.  


Publicado en la revista Artes&Letras, nº 367, 02/02/2012
Suplemento cultural del periódico Heraldo de Aragón

jueves, 26 de enero de 2012

Noches del mes de junio, de Jaime Gil de Biedma

                                                                                 A Luis Cernuda
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
         o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
                                    Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.


Jaime Gil de Biedma

miércoles, 4 de enero de 2012

Donde perece un dios estremecido (Antología poética de Miguel Labordeta)

MIRA Editores, Zaragoza, 1994, 270 pp.
Vuelvo a leer este Retrospectivo existente de Miguel Labordeta (Zaragoza 1921-1969) y vuelvo a pensar en su poesía.  Unos cuantos libros (Sumido 25, Violento idílico, Transeúnte central, Epilírica y Los Soliloquios), creo que ya inencontrables.  Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña publicaron en la década de los noventa Donde perece un dios estremecido, una antología que supuso para mí, hace tres o cuatro años, todo un descubrimiento.  Es el libro  de poesía que más he regalado, especialmente a mis amigos de fuera de Aragón. Regalé incluso mi propio ejemplar.  Y hoy he vuelto a encontrármelo, en ese rincón pequeño que algunas librerías aún reservan a la poesía.  Me ha mirado desde la portada con un cierto reproche y, sí, me lo he traído a casa.  Extrañamente nuevo.  Otra vez.

RETROSPECTIVO EXISTENTE

Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.

Invado las estancias vacías

para recoger mis palabras tan lejanamente idas.

Saqueo aparadores antiguos,

viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,

estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,

pero nadie me dice quién fui yo.
 
Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican dónde fueron mis minutos,

y aunque torturo los espejos

con peinados de quince años,

con miradas podridas de cinco años

o quizá de muerto,

nadie,

nadie me dice dónde estuvo mi voz

ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía

esculpida en presurosos desayunos,

en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,

mientras los otoños sedimentaban

de pálidas sangres

las bodegas del Ebro.
 
¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles

nuestros restos de nieve nocturna atormentada?

¿Por qué vertientes terribles se despeñan

los corazones de los viejos relojes parados?

¿Dónde encontraremos todo aquello

que éramos en las tardes de los sábados,

cuando el violento secreto de la Vida

era tan sólo

una dulce campana enamorada?

Pues yo registro los bolsillos desiertos

y no encuentro ni un solo minuto mío,

ni una sola mirada en los espejos

que me diga quién fui yo.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Un poema de Roberto Juarroz

Poesía vertical  7

Cuando se ha puesto una vez el pie del otro lado
y se puede sin embargo volver,
ya nunca más se pisará como antes
y poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.

Es el aprendizaje
que se convierte en lo aprendido,
el pleno aprendizaje
que después no se resigna
a que todo lo demás,
sobre todo el amor,
no haga lo mismo.

El otro lado es el mayor contagio.
Hasta los mismos ojos cambian de color
y adquieren el tono transparente de las fábulas.


jueves, 27 de octubre de 2011

Sin noticias de Acuario, de Reyes García-Doncel

Sin noticias de Acuario, Reyes García-Doncel.  Paréntesis Editorial: Colección Umbral, Sevilla, 2011. 330 pp.

Sin noticias de Acuario nos traslada a un momento preciso de nuestra historia reciente: los años previos a la muerte de Franco, cuando una España concluida se aferraba a las ruinas de un presente que muy pronto iba a convertirse en pasado.  No en vano, la novela termina el 19 de noviembre de 1975, cuando la protagonista tiene ya un pie en su propio futuro, tras la crisis de una primera juventud vivida en tan especiales circunstancias.

Entre grandes ideales que emergen y grandes ideales que se desmoronan, consiguen filtrarse también las modas que ya tenían un cierto aire “global”.  Desde más allá de las fronteras patrias llegaban filosofías distintas, una especie de sesgada sonrisa espiritual que se iba adaptando, para su consumo, en occidente. ¿Cómo permanecer indiferentes ante la inminencia de la era de Acuario? No es extraño que, convencidos de que “Occidente tiene muy mal karma”, algunos jóvenes desconcertados se dejasen seducir por el Conocimiento. Esa fascinación tendrá obligatoriamente su retorno, y el retorno no será siempre amable; pero, mientras tanto, la autora nos lleva a las playas en las que aquellos jóvenes recitaron los himnos de Vedas.

La novela nos hace conocer los anhelos de Isabel, estudiante de COU en 1973, a la que tocó resolver un puzzle con el mosaico de creencias de su época.  Un proceso narrado con inteligencia, sentido del humor y un evidente conocimiento de causa que nos deja  como resultado una novela entretenidísima y un eco de mantra, canción protesta, drogas psicodélicas, dulce flauta oriental y estertor de viejos coroneles.

OLGA BERNAD

Publicado en la Revista Artes&Letras, nº 354, 27 de octubre de 2011.
(Suplemento cultural del periódico Heraldo de Aragón)

jueves, 13 de octubre de 2011

El tren de cristal, de José María Pérez Collados

José María Pérez Collados, El tren de cristal, Renacimiento (colección Novela de Campus), 2011, 336 pp.

El Tren de cristal es la primera novela de José María Pérez Collados.  Catedrático de Historia del Derecho en la Universidad de Girona, ha sido investigador y profesor en distintas universidades españolas y extranjeras y ha publicado diversos ensayos de historia política y poesía; también codirige la editorial Nuevos Rumbos. Ahora, con la colección Novela de Campus  –colección que él mismo dirige y que aparece bajo el sello de la editorial Renacimiento y bajo el auspicio de la Red de Universidades para la lectura- da a conocer su faceta como novelista.

Nos encontramos ante una novela de viaje, un viaje que hacemos en compañía del autor desde la realidad hacia la vida interior, y de un intento de regreso que no sabemos si será posible.  Ésa es su trama.  Frente al lema “juro que volveré” con el que se inicia, leemos el primer capítulo y nos deja un gratísimo rumor al mejor Cortázar, el que permite que algo en principio increíble tome por completo la realidad y la domine.  Quedamos atrapados con el protagonista en esa especie de limbo que es la vida en hoteles mientras él se enzarza en miles de litigios con las compañías aéreas, pues ninguno de los vuelos que contrata logra llevarle a Madrid, nueva Itaca de este curioso Ulises.

A partir de ese punto, su viaje – y el nuestro- tiene una doble vertiente.  Es la crónica de todo ese sinsentido en un mundo donde aún no existe Internet y no hay teléfonos móviles, el cuaderno de bitácora de un náufrago, pero también la introspectiva de esas vivencias y el examen del pasado.  Desde la infancia de los desterrados (algo que marca su presente) a la vida universitaria de la época – aquellos principios de los ochenta que ya casi tienen la cualidad del mito- la novela es la experiencia mística de una extraña peregrinación.

Hay un diálogo que nos da la clave: el protagonista habla con su hermana de las razones de su viaje, de los peregrinos y los vagabundos como seres iluminados, de aquellos momentos que nos marcan,  de alguna vivencia maravillosa que nos mueve y nos convierte en transeúntes porque nada vale nada sin lo que tuvimos en aquel momento, y eso nos "desapega" de la vida real.  El vagabundo como ángel caído de algún paraíso perdido, o ni siquiera vivido, porque "la realidad no puede competir con los recuerdos de lo que no fue".   El viaje como intento de construcción de un personaje que sólo quiere volverse hermoso ante otros ojos antes de regresar, de tal manera que toda la vida se convierte en algo que ofrecer a esos ojos sólo para ver al final en ese espejo que ellos también nos aman.

Ese personaje puede no ser verdad, pero tampoco es mentira: está en el deseo y en el corazón.  El protagonista parece entender que morimos si no llegamos a ser quien verdaderamente somos.  Por eso se mantiene en el aire, viajando de ciudad en ciudad, planeando un regreso para el que nunca se encuentra preparado.  Si se pierde porque nada le parece suficiente o encuentra el camino de vuelta es algo que el lector tendrá que averiguar al hacer con el autor este peregrinaje en busca de un “sí” eterno y verdadero, de tal manera que nada – ni la vida, ni la realidad- pueda confundir esa certeza.  

OLGA BERNAD
(Publicado en Heraldo de Aragón, revista Artes & Letras, nº 352 , 13/10/11)  


viernes, 7 de octubre de 2011

Dimensión de la frontera, de Álex Chico

Javier Sánchez Menéndez me entrega el lunes un ejemplar de Dimensión de la frontera, de Álex Chico, el último título de la Colección de poesía de Siltolá.  Parece que en este libro siempre voy por delante: lo leí antes de que se publicase; lo tuve en las manos, una vez publicado, antes que el propio autor.  Al placer de abrir un gran libro se une en este caso la emoción de la amistad, la de haber recorrido también un pequeño trecho del camino que lleva estos versos desde la intención hasta la palabra, de la palabra al papel y, de ahí, al objeto concreto que guardará para siempre todas esas cosas, con su callada y elocuente presencia real: este hermoso libro de edición- como acostumbra Siltolá- perfecta.  

Me resulta muy difícil compartir con palabras (pues estas siempre buscan alguna exactitud) la sonrisa que me produce pasar los ojos por la nota que el autor deja al final del libro.  Reconozco   complicidades, intrahistoria de un libro y de una persona. Es otra forma de leer.  Me emociona el poema que me dedica, este guiño a mi Nostalgia

NOS QUEDA

Puedo situar la palabra
en un lugar que no sea el mío.
Un lugar inexistente, ajeno,
que mire hacia sí mismo
en la distancia
y se repita en lo sucesivo.
Una palabra, un lugar, que siempre
sea de regreso.

Puedo situar el tiempo 
en un muro,
y encontrar una imagen 
que me defina.
Más allá de la sombra que proyecte.

Puedo sentir nostalgia
de lo que todavía no ha sucedido.
Toda la penumbra de un lugar 
que ya no está a oscuras.

Buscándome en una orilla cada vez más lejana.


Gracias, Álex, y la mejor de las suertes para esta enorme Dimensión de la frontera.  Lo merece.

Álex Chico (Plasencia, 1980) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, prepara una tesis sobre la obra de José Antonio Gabriel y Galán para la Universidad de Barcelona.  Es profesor de Lengua y Literatura.  Ha publicado el poemario La tristeza del eco (2008) y las plaquettes Escritura (2010), Nuevo alzado de la ruina (2005) y Las esquinas del mar (2004).  Ha ejercido la crítica literaria en diversos medios  y publicado sus poemas en diferentes revistas y antologías.  Es codirector de la publicación digital Revista de Humanidades Kafka.

martes, 6 de septiembre de 2011

Operación triunfo, de Rodrigo Olay

 Me escribe este verano Rodrigo Olay, a quien no conocía.  Es de Noreña, Asturias, y tiene 22 años. Me cuenta que le han publicado un libro ganador del Premio Asturias Joven de Poesía 2010, convocado por la Consejería de Cultura y Turismo de su Comunidad y promovido por el Instituto Asturiano de la Juventud.  Me llama la atención el hecho de que el título –Cerrar los ojos para verte-  es el mismo que yo di hace muchos años a un relato mío que siempre permaneció en mi cajón. Tiene Rodrigo la amabilidad de enviarme su poemario y me llega hoy.  Lo abro al azar y me encuentro esto:

 OPERACIÓN TRIUNFO

Lo conocí.  Apenas era nadie.
Pero rápido vi que no era otro
más.  Me acerqué.  Le hablé.  Me lo propuso
y no pude negarme.  Oí el dinero
cayendo desde el cielo a manos llenas.
El chico lo valía.  Era un prodigio.
No tardaron bastantes en unírsenos.
Formamos un buen grupo.  Empezó todo.
Primero algunos bolos, poca cosa.
Luego aquella actuación tan celebrada.
Y entonces la locura, las ciudades,
los fans que nos seguían en la gira,
los estadios repletos.  Y su luz.
Sus letras se aclamaban como salmos,
su palabra de música iba a misa:
gritar su nombre era ya un saludo.  
Pero todo se jode.  De repente
parecía olvidarse de quién era.
Las drogas lo engañaron.  Se creía
que con su voz podía hacer milagros,
que era hijo de Dios, el Rey del Mundo
del Rock.  Y se juntó con esa puta.
En las cenas bebía demasiado
y después nos decía tonterías
como que acabaríamos vendiéndole
a las aves rapaces del gobierno.
Empezó a haber rumores.  No gustaba
aquel loco melenas con su broma
de amor y libertad y desastrados
hippies sucios creyendo sus parábolas.
La juventud se estaba corrompiendo.
Y fueron a por él.  A por nosotros.
Para entonces él no entendía nada
empeñado en cargar su cruz a cuestas.
Pero yo supe ver.  Y de ese modo
recordé dónde estaba mi lugar
y le hice el mayor de los favores.
Le hice eterno, inmortal, un Superhit.
Si no es por mí hoy no sería nadie.
Aquel jueves cambió toda la historia,
y acabó.  Yo cumplí con mi papel.
Ahora sólo debo hacerme a un lado
y esperar a que venga a agradecérmelo.
Sobra tiempo y soy rico: tengo treinta
monedas.  Sólo tres cuesta esta cuerda.

Yo, desde luego, voy a seguir leyendo…

miércoles, 24 de agosto de 2011

Tablero de sueños, de José María Jurado

José María Jurado, Tablero de sueños, Ediciones de la Isla de Siltolá, colección INKLINGS, Sevilla, 2011, 110 pp.
 
Se inició la colección Inklings en Siltolá y recibí, cuando el verano comenzaba, el libro que la estrena: Tablero de sueños, de José María Jurado.  Me ha acompañado en estos meses de hipotético descanso y de calor y, entre lectura  y lectura, he dialogado con el autor, sin él saberlo, en las más extrañas posiciones y entre las más diversas y orteguianas circunstancias: desde la indolente siesta estival al hiperactivo autobús turístico; desde el bullicio de la playa y el hiriente deslumbramiento del sol sobre la página a la soledad de estas noches de agosto, agobiantes, magníficas, irrepetibles como siempre.

Y el libro se acomodaba a todas las posturas con esa paciente delicadeza que tiene la letra escrita a la hora de aplazar y retomar conversaciones. He tenido con él apasionadas controversias y suaves aquiescencias, he encontrado líneas de esas que uno se guarda en la memoria, líneas que transmiten -con una exactitud que nosotros no acertábamos a encontrar- nuestros propios pensamientos.  Cada cual, en la lectura de este libro, descubrirá tal vez las suyas: sus líneas, sus controversias, sus aquiescencias.  Así, leemos afirmaciones como estas:

“La poesía no está sino en el poema, ese arcano indescifrable que se da por el contacto lector entre la palabra fijada y la mente anhelante”

“Pero el primer acontecer del poema es el lenguaje, su expresión simbólica se da en otro ámbito, sí, en los espacios de la emoción y de la inteligencia, pero su materia prima, su raíz mineral, es la palabra.  El prosaísmo trivial, el abuso del inefable vocabulario poético, la abundancia de categorías abstractas y la indefinición en la dicción me parecen errores no menos graves que el hermetismo gratuito y radical” 

"El poeta tiene toda la obligación de ser, a pesar de toda voluntad de claridad (o precisamente por esta voluntad) un alquimista del verbo.  Podemos refutar el gongorismo, pero no a Góngora; podemos impugnar las excéntricas vanguardias, pero no podemos refutar a Rimbaud”

Y algo con lo que no puedo estar más de acuerdo:

“La poesía, si es verdadera, surge incluso a pesar de los postulados de quien la intenta escribir”

Avanzando por este Tablero, el lector encontrará, además de reflexiones, versos y prosas que recorren ciudades (Carta de embarque), La belleza convulsa y La belleza sagrada vista desde la perspectiva del autor a través del acercamiento a unos personajes que ya son, de por sí, toda una carta de presentación del poeta; ecos de música en Conciertos nocturnos , de pintura en La escritura de la luz y de literatura en Letra de oro Las diferentes partes en las que el libro se dispone perfilan el armazón de un pensamiento, son un recorrido por el interior del escritor, una generosa muestra del equipaje con el que José María Jurado enfrenta la partida ante su personal Tablero de sueños.

De estas páginas he escogido el texto dedicado a Ezra Pound que aquí les dejo, en la seguridad de que cualquier lector que se acerque a este Tablero se sentirá involucrado en un diálogo cuyo centro es la belleza, el rigor y la sinceridad con que el libro está escrito.  

EZRA POUND

Bajo el fulgor del hongo americano y el desangrado péndulo del Duce se asienta la jaula.  La lluvia la traspasa, el viento la traspasa, el ciego sol, la sed y la fatiga.  GUANTÁNAMO.  Contra la reja hocican los focos reflectores de las barras y estrellas metodistas.  La inteligencia lírica de un siglo –y de todos los siglos- aúlla como un cimarrón en la perrera.  ¿Qué canto del infierno es este canto?  Bajo el cielo de Italia, un paraíso pintado sobre el cielo del mundo, se yergue Ezra Pound de pie frente a los astros como un viejo campanil. 

Y todos los nombres propios de la Historia acuden sin usura a colmar sus oídos extasiados.

Nota de 21 de noviembre:  El texto de esta entrada, levemente modificado, fue publicado en la Revista Isla de Siltolá, nº 5-6 (mayo-diciembre 2011) ISSN: 2171-4630
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