Le dispararon aquí mismo, mire.
Mire y escuche mi sangre. En esta arteria,
de abajo arriba, para que la bala llegara al cerebro
y deshiciera, bruscamente, su genio y su infinito amor.
Los Chacales Erpianos se habían dicho:
Que sea cuando este bien dormido.
Los pobres poetas son muy sensibles.
Efraín Huerta